Identificadores descentralizados (DIDs)
Los servicios descentralizados no se limitan a las criptomonedas, NFTs o exchanges. También se utilizan en servicios de streaming, bancos de imágenes, hosting y mucho más. En el futuro, casi todos los recursos que usamos hoy estarán gestionados por sistemas descentralizados y registros distribuidos. Sin embargo, una de las innovaciones más interesantes y útiles que nos trae el prometedor futuro de la Web3 son los identificadores descentralizados, o DIDs. De hecho, ya existen: lo único que falta es su adopción masiva.
En pocas palabras, un DID es un identificador que te da control total sobre tu información personal, es decir, tu “identidad digital”. Gracias a los DIDs, puedes completar procesos de identificación rápidamente y decidir quién, cuándo y qué información pueden conocer los servicios y organizaciones externas sobre ti. Al mismo tiempo, estos datos son casi imposibles de robar, modificar o utilizar sin tu conocimiento. Así, las organizaciones pueden verificar al instante la autenticidad de la información proporcionada.
El problema de los datos personales hoy
El problema no es que nuestros datos estén mal almacenados. El verdadero inconveniente es que se guardan de forma centralizada, en bases de datos específicas de los servicios donde nos registramos. Si ocurre una filtración, los atacantes pueden acceder a nuestras cuentas y, según el tipo de cuenta, leer nuestra correspondencia o robar documentos, archivos o información de tarjetas de crédito.
Algunos servicios saben mucho sobre nosotros: tienen nuestras direcciones postales, números de teléfono, domicilios y datos de pasaporte. Por supuesto, todo esto sirve para confirmar que los usuarios son quienes dicen ser. El problema es que estos datos terminan en los sistemas internos de las empresas y nadie, salvo ellas, sabe para qué se usan ni quién tiene acceso.
Quizás recuerdes una práctica común de ciertos servicios: pedir a los usuarios que consientan la transferencia de sus datos personales a terceros. Muchas veces no indican quiénes son esos terceros, por qué se transfiere la información ni cómo la protegerán.
¿Cómo funcionan los DIDs?
Cuando usas un identificador descentralizado, los datos no se almacenan en la base de datos de una empresa, sino en la blockchain o en un registro distribuido. No es necesario pasar por un proceso de identificación durante el registro, ni necesitas un usuario y contraseña para acceder a tu cuenta. De hecho, un DID es como una billetera cripto no custodial: tiene claves públicas y privadas, pero en vez de firmar transacciones, la clave privada se usa para verificar tu identidad.
Por supuesto, al principio debes demostrar tu identidad. Esto debería estar a cargo de entidades de confianza capaces de autenticar la información personal del usuario, conocidas como “emisores”. Esta función puede recaer en un banco o una institución gubernamental.
Así funciona el proceso:
- El emisor crea su propio DID, que usará para interactuar con otros participantes del ecosistema.
- El usuario proporciona al emisor la información que desea verificar (por ejemplo, un pasaporte).
- El emisor realiza la verificación, autentica el documento y crea una declaración de verificación (credencial), firmada con su identificador. Esta declaración se vincula al DID del usuario y se almacena en su base de datos personal.
- Cuando necesita presentar sus datos a un servicio, empresa o institución, el usuario otorga acceso mediante el DID. La organización solo debe verificar que los datos provienen de un emisor confiable y que la firma digital es válida.
Veamos un ejemplo real. Imagina un futuro donde los DIDs son comunes y el emisor verificado es, por ejemplo, la universidad donde te graduaste. Los datos del diploma verificado se almacenan en un registro descentralizado e incluyen tu historial académico completo.
Ahora, al postularte a un empleo, no necesitas llevar una copia del diploma para que el departamento de RR. HH. verifique su autenticidad. Solo escaneas un código QR que solicita datos desde el DID y eliges la información que deseas compartir (en este caso, el diploma). El empleador sabrá al instante que el documento es válido.
¿Cuándo llegará este futuro?
A simple vista, parece que ya está aquí, al menos en algunos casos. Por ejemplo, puedes usar tu cuenta de Google para registrarte e iniciar sesión en sitios web y aplicaciones. En ciertos países, los servicios públicos funcionan bajo un principio similar, permitiendo que los usuarios autoricen el intercambio de sus datos personales entre instituciones.
Pero hay un gran PERO: los datos del usuario siguen centralizados. Los usuarios aún no pueden monitorear cómo se almacenan y procesan sus datos. Además, si la autenticación en dos pasos está desactivada, lo único que protege la información es una contraseña que puede ser robada o adivinada. Si un atacante se apodera de la cuenta, tendrá acceso a todas las aplicaciones y sitios donde se usó para iniciar sesión.
Está claro que un DID no garantiza que los datos extraídos del registro se almacenen de forma segura, pero lo más importante es que nadie puede acceder a ellos sin la clave privada del usuario. Lo ideal sería que las empresas no almacenen datos de los usuarios, sino que los soliciten directamente al DID.
Aunque la adopción masiva aún está lejos, las empresas ya han reconocido las oportunidades que ofrecen los identificadores descentralizados y cada vez más servicios brindan infraestructura compatible con DIDs. Un ejemplo exitoso es el proyecto DOCK. Desde 2017, la compañía desarrolla una plataforma de cuentas de usuario basada en una blockchain construida sobre el framework Substrate, con un mecanismo de consenso proof-of-stake. El token nativo DOCK cotiza en varios exchanges, incluyendo Binance y Huobi. La empresa ofrece protección al crear documentos verificados (como títulos educativos), certificados para proteger cadenas de suministro y más.